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Gatto

Page history last edited by PBworks 11 years, 11 months ago

Artículos de John Taylor Gatto

 

 

Aprendizaje Experiencial Vs. Escolarización Tradicional

Ideas Sobre Educación - John Taylor Gatto

 

Vivimos en un tiempo de gran crisis escolar. Nuestros niños están al final del ranking de naciones industriales del siglo diecinueve en lectura, escritura y aritmética. Bien al final. La narcótica economía del mundo está basada en nuestro propio consumo de la comodidad, si no compráramos tantos empolvados sueños el negocio colapsaría - y las escuelas son un importante punto de venta. La tasa de suicidio de nuestros adolescentes es la más alta en el mundo y los jóvenes suicidas son en su mayoría ricos, no pobres.  En Manhattan cincuenta por ciento de todos los casamientos duran menos de cinco años.

Sin dudas algo está mal.

 

Nuestra crisis escolar es un reflejo de esta crisis social mayor. Parecería que hemos perdido nuestra identidad. Los niños y la gente mayor están confinados y alejados de los temas del mundo a un grado sin precedentes - ya nadie les habla y sin niños ni ancianos mezclándose en la vida cotidiana una comunidad no tiene ni futuro ni pasado, solamente un presente continuo. De hecho, el nombre "comunidad" difícilmente se aplica a la forma en que interactuamos entre nosotros.

 

Vivimos en redes, no comunidades, y todas las personas que conozco están solitarias debido a esto. En una manera extraña, la escuela es el actor principal en esta tragedia igual que es un actor principal en la culpa expansiva entre clases sociales. Al utilizar la escuela como un mecanismo ordenador parecería que estamos camino a crear un sistema de castas, completo con intocables que deambulan a través de los subterráneos mendigando y durmiendo en las calles.

 

He notado un fenómeno fascinante en mis veinticinco años de enseñanza - que las escuelas y la escolarización son cada vez más irrelevantes para las grandes empresas del planeta.

 

Ya nadie cree que los científicos están entrenados en clases de ciencias o los políticos en clases de cívica o los poetas en clases de literatura.

 

La verdad es que las escuelas realmente no enseñan nada excepto cómo obedecer órdenes.

 

Este es un gran misterio para mí porque miles de humanos, personas comprensivas trabajando en escuela como maestros y auxiliares y administradores pero la lógica abstracta de la institución sobrepasa su contribución individual .

 

A pesar que los docentes se preocupan y trabajan muy duramente, la institución es enferma - no tiene conciencia. Suena un timbre y el joven con un poema a medio escribir debe cerrar su cuaderno de notas e ir a otra aula donde tiene que memorizar que el hombre y los monos derivan de un ancestro común.

 

Nuestra forma de escolarización obligatoria es una invención del estado de Massachusetts alrededor de 1850. Fue resistida - algunas veces con armas - por un estimado ochenta por ciento de la población de Massachusetts, el último bastión en Barnstable on Cape Cod no rindió a sus niños hasta la decada de 1880 cuando el área fue controlada por la milicia y los chicos marcharon a la escuela custodiados por un guardia.

 

Ahora aquí hay una curiosa idea para evaluar. La oficina del senador Ted Kennedy distribuyó un paper no hace mucho afirmando que antes de la educación obligatoria el alfabetismo del estado era del 98% y después de esto los números nunca más volvieron a estar por encima del 91% manteniéndose ahí desde 1990. Espero que esto le interese.

 

Aquí hay otra cosa curiosa para pensar

El movimiento homeschooling ha crecido silenciosamente a un tamaño donde un millón y medio de jóvenes están siendo educados completamente por sus propios padres. El mes pasado la prensa educativa informó la asombrosa noticia que los niños que recibían educación en sus hogares parecían estar cinco o inclusive diez años adelante de sus pares educados formalmente respecto a su habilidad de pensar.

 

No creo que nos saquemos de encima a las escuelas en el futuro próximo, seguramente no mientras esté vivo, pero sí vamos a cambiar lo que rápidamente está convirtiendo en un desastre de ignorancia, necesitamos darnos cuenta que la escuela "escolariza" muy bien, pero no "educa" – eso es inherente en el diseño de la cosa.

No es la culpa de malos maestros o muy poco dinero empleado, es simplemente imposible que educación y escolarización sean la misma cosa.

La escuelas fueron diseñadas por Horace Mann y Barnard Sears y Harper de la University of Chicago y Thorndyke del Columbia Teachers College y algunos otros hombres para ser instrumentos de la administración científica de una población masiva. Las escuelas intentan producir a través de la aplicación de una fórmula, seres humanos formulables cuyo comportamiento puede ser predicho y controlado.

 

En gran medida, las escuelas tuvieron éxito en esto. Pero nuestra sociedad se está desintegrando, y en tal sociedad, las únicas personas exitosas son auto-dependientes seguras en sí mismas e individualistas - porque la comunidad que protege al dependiente y al débil está muerta.

 

El producto de la escolarización es, como he dicho, irrelevante. Las personas bien escolarizadas son irrelevantes. Ellas pueden vender films y hojas de afeitar, pasar papeles y hablar por teléfono o sentarse sin comprometerse intelectualmente frente a una parpadeante terminal de computadora pero como seres humanos son inútiles. Inútiles para otros e inútiles para sí mismos

 

La miseria diaria alrededor de nosotros está causada , pienso yo, en gran medida debido al hecho que - tal como Paul Goodman lo escribió hace 30 años - forzamos a los niños a que aumenten el absurdo. Cualquier reforma en la escolarización tiene que vérselas con cosas absurdas.

 

Es absurdo y anti-vital ser parte de un sistema que lo obliga a sentarse en confinamiento con personas de exactamente la misma edad y clase social. Ese sistema efectivamente lo separa de la inmensa diversidad de la vida y la sinergia de la variedad, realmente lo separa de su propio pasado y futuro, reduciéndolo a un presente continuo bastante parecido a lo que hace la televisión.

 

Es absurdo y anti-vital ser parte de un sistema que lo obliga a escuchar a un extraño leer poesía cuando usted quiere aprender a construir edificios, o sentarse con un extraño a discutir la construcción de edificios cuando usted quiere leer poesía.

 

Es absurdo y anti-vital moverse de celda a celda al sonido de un timbre todos los días de su juventud tiene una institución que no le permite privacidad e incluso lo persigue al santuario de su hogar exigiendo que usted haga su "tarea para el hogar".

 

"¿Cómo aprenderán a leer?" se pregunta y mi respuesta es "Recuerde la lección de Massachusetts."Cuando a los niños se les da una vida completa en lugar de gradaciones por edad en celdas ellos aprenden a leer, escribir y hacer aritmética con facilidad si esas cosas tiene sentido en el tipo de vida que se despliega alrededor de ellos.

 

Pero tenga presente que en los Estados Unidos casi nadie que lea, escriba o haga aritmética obtiene mucho respecto. Somos una tierra de oradores, pagamos lo máximo a los oradores y admiramos lo máximo a los oradores y de esta forma nuestros niños habla constantemente, siguiendo los modelos públicos de televisión y maestros. Es muy difícil ya enseñar lo "básico" porque realmente ya no es básico para la sociedad que hemos hecho.

 

En este momento dos instituciones controlan la vida de nuestros niños - televisión y escolarización, en ese orden.

 

Ambas reducen el mundo real de sabiduría, fortaleza, templanza y justicia a una atracción de nunca acabar. Siglos atrás, el tiempo de un niño y adolescente hubiera estado ocupado con trabajo real, caridad real, aventuras reales y la búsqueda realista de rectores que podrían enseñarle lo realmente usted quería aprender.

 

Se ha empleado mucho tiempo en intereses comunitarios, practicando el afecto de reuniéndose y estudiando cada nivel de la comunidad, aprendiendo cómo hacer un hogar y docenas de otras tareas necesarias para convertirse en un completo hombre o mujer.

 

Pero aquí está el cálculo del tiempo con el cual los niños a los que yo enseño deben vérselas:

 

  1. De las 168 horas en cada semana mis alumnos duermen 56. Eso les deja 112 horas por semana para ellos.
  2.  

  3. Mis chicos miran 55 horas de televisión por semana de acuerdo a informes recientes. Eso les deja 57 horas por semana para desarrollarse.
  4.  

  5. Mis chicos van a la escuela 30 horas por semana, usan aproximadamente 6 horas para prepararse, y volver a casa, y emplean un promedio de siete horas por semana en tareas para el hogar - un total de 45 horas.
  6.  

  7. Durante ese tiempo, están bajo constante supervisión, no tienen tiempo o espacio privado y son castigados si intentan usar individualmente el uso del tiempo o espacio.
  8.  

  9. Eso deja 12 horas por semana para crear una conciencia única.
  10. Por supuesto, mis niños comen y eso necesita algún tiempo - no mucho, porque han perdido la tradición de la cena familiar, pero si permitimos tres horas por semana de comidas vespertinas,
  11.  

  12. llegamos a un tiempo privado neto para cada chico de 9 horas.

 

No es suficiente.

 

No es suficiente, ¿no es cierto? Cuánto más rico es el niño, por supuesto, menos televisión mira pero, el tiempo del niño rico está estrechamente acotado por un catálogo más amplio de entretenimientos comerciales y sus inevitable participación en una serie de lecciones privadas en áreas que muy pocas veces son de su elección.

 

Y esas cosas son apenas formas cosméticas para crear seres humanos dependientes, incapaces de llenar sus propias horas, incapaces de iniciar líneas de significado para darle sustancia y placer a sus existencias. Es una enfermedad nacional, esta dependencia y falta de objetivos y pienso que la escolarización y la televisión y las lecciones – toda la idea Chautauqua - tiene mucho que ver en esto.

 

Piense en lo que nos está matando como nación:

     

  • competición desenfrenada
  •  

  • lapornografía de la violencia
  •  

  • juego
  •  

  • alcohol
  •  

  • drogas narcotizantes
  •  

  • sexo recreacional
  •  

  • y la peor pornografía de todas - vidas dedicadas a comprar cosas, la acumulación como filosofía

 

Todas ellas son adicciones de personalidades dependientes, y eso es la marca que deja inevitablemente la escolarización.

 

 

Quiero contarles el efecto que produce en los chicos el quitarles todo su tiempo - tiempo que necesitan para desarrollarse – y forzándoles a gastarlo en abstracciones.

 

Tiene que escuchar esto, porque ninguna reforma que no ataque estas patologías específicas no será más que un simple lavado de cara.

 

  1. Los niños a los que enseño son indiferentes al mundo adulto. Esto desafía la experiencia de miles de años. Un observación intensiva de lo que "los mayores" hacían siempre fue una de las más excitantes ocupaciones de los jóvenes, pero nadie quiere crecer ahora, ¿y quien les puede culpar de ello? Nosotros somos los juguetes.
  2. Los niños a los que enseño apenas sienten curiosidad y la poca que muestran es transitoria; no pueden concentrarse durante mucho tiempo, incluso en lo que quieren hacer. ¿Puede ver la conexión entre los timbres sonando una y otra vez para cambiar de clase y este fenómeno de atención evanescente?
  3. Los niños a los que enseño tienen un pobre sentido del futuro, de como el mañana está indefectiblemente unido al presente. Como dije antes, viven en un presente continuo, el preciso momento en el que se encuentran es el límite de su conciencia.
  4. Los niños a los que enseño son ahistóricos, no tienen conciencia de cómo el pasado ha dado forma a su propio presente, limitando sus elecciones, moldeando sus valores y sus vidas.
  5. Los niños a los que enseño son crueles entre si, muestran falta de compasión ante los infortunios, ríen las debilidades, y muestran desprecio por aquellos que muestran necesidad de ayuda demasiado abiertamente.
  6. Los niños a los que enseño se encuentran intranquilos ante la intimidad y la franqueza. No soportan una verdadera intimidad debido a una costumbre de por vida de guardar los secretos dentro de si mismos por lo que van formando su personalidad a base de trozos y partes de comportamiento prestados de la televisión o adquiridos para manipular a sus profesores. Puesto que no son ellos quienes dicen ser, el disfraz se les cae en la intimidad por lo que las relaciones íntimas deben ser evitadas.
  7. Los niños a los que enseño son materialistas, siguiendo la estela de sus maestros que materialistamente "gradúan" todo -y sus tutores televisivos que ofrecen todo lo imaginable "gratis.
  8. Los niños a los que enseño son dependientes, pasivos, y tímidos ante la presencia de nuevos desafíos. Esto es a menudo ocultado mediante actos de bravuconería, mediante enfados y agresividades que en el fondo solo expresan un vacío sin fortaleza interior.

 

Podría hablar de otras cuantas condiciones que una reforma de la escolarización tendría que afrontar si nuestro declive nacional pretendiera detenerse, pero por el momento ya han comprendido mi postura, tanto si están de acuerdo con ella como si no.

 

Puede que sean las escuelas las que causen estas patologías, o la televisión, o ambas. Es una simple cuestión [de] aritmética, entre escuela y televisión todo el tiempo que los chicos tienen libre es absorbido por ambas.

 

Eso es lo que destruyó la familia estadounidense, que ya no es más un factor en la educación de sus propios hijos. Televisión y escolarización, ahí debe buscarse a los responsables.

 

 

 

¿Qué se puede hacer? Primero necesitamos un feroz debate nacional que no decaiga, día tras día, año tras año. Necesitamos gritar y discutir sobre este modelo de escuela hasta que se arregle o se retire de la circulación para su reparación, una cosa u otra. Si podemos arreglarlo, de acuerdo; si no podemos, entonces el éxito del movimiento de "escuela en casa" muestra una vía alternativa con futuro prometedor. Poner el dinero que ahora gastamos en escolarización, hacia la educación en la familia podría matar dos pájaros de un tiro, reparar las familias al tiempo que reparamos a los hijos.

 

Una reforma genuina es posible pero no debería costarnos nada.

 

Necesitamos volver a pensar en las premisas fundamentales de la escolarización y decidir qué es lo que queremos que los niños aprendan y por qué.

Durante 140 años esta nación ha tratado de imponer objetivos de arriba a abajo desde los altivos puestos de mando centrales conformados por "expertos", una élite central de ingenieros sociales. No ha funcionado. No va a funcionar. Y es una gran traición a la promesa democrática que hizo en su día de esta nación un noble experimento.

 

El intento soviético de crear la Republica de Platon en Europa del Este ha sucumbido ante nuestra vista, nuestro propio intento de imponer el mismo tipo de ortodoxia centralizada utilizando las escuelas como un instrumento también se está resquebrajando, solo que mas lenta y dolorosamente.

 

No funciona porque sus premisas fundamentales son mecanicistas, anti-humanas, y hostiles a la vida familiar. Las vidas pueden ser controladas por la maquinaria educativa pero siempre se revolverán con las armas de la patología social: drogas, violencia, auto-destrucción, indiferencia y todos los síntomas que veo en los niños que educo.

Ya es hora de que miremos hacia atrás para recobrar una filosofía educacional que funcione.

 

Una que me gusta especialmente fue la favorita de las clases dirigentes europeas durante miles de años.

Utilizo tanto de ella como me lo permite mi condición de profesor, es decir, tanto como puedo dentro de la institución de la escolarización obligatoria. Creo que funciona tanto para los niños pobres como para los ricos.

 

En el núcleo de este sistema de educación para las élites está la creencia que el autoaprendizaje es la única base del verdadero aprendizaje. En cualquier sitio en este sistema, a cualquier edad, encontrará acuerdos para colocar al niño solo en un punto no definido y con un problema que resolver.

 

Algunas veces el problema lleva implícito grandes riesgos, como el problema de cabalgar un caballo o hacerlo saltar, pero eso, claro, es un problema satisfactoriamente resuelto por miles de niños de la élite antes de cumplir diez años. ¿Podemos imaginar a alguien que haya superado tal desafío que alguna vez le faltara confianza en su habilidad para hacer algo? A veces el problema es un problema de superar la soledad, como hizo Thoreau en Walden Pond, o Einstein en Suiza.

 

Uno de mis antiguos alumnos, Roland Legiardi-Laura, aunque huérfano de sus dos padres y sin herencia, tomó una bicicleta y atravesó solo los Estados Unidos cuando apenas había superado la niñez. No nos puede extrañar entonces que ya siendo un adulto, decidiera hacer una película sobre Nicaragua, aunque no tuviera dinero ni experiencia previa en la realización de películas, y que ganara un premio internacional, aunque su trabajo regular fuera el de carpintero.

 

Ahora estamos hablando todo el tiempo de que nuestros jóvenes necesitan desarrollar auto-conocimiento. Ya basta de tanta charlatanería.

 

Tenemos que crear experiencias escolares que devuelvan a los niños su tiempo , necesitamos confiarles desde una edad temprana con independencia de estudios, quizás programado desde el colegio pero que tenga lugar fuera de la institución educativa. Necesitamos crear un curriculum donde cada niño tenga la oportunidad de desarrollar su individualidad y su auto-confianza.

 

Hace poco tomé setenta dólares y envié a una niña de doce años de mi clase con su madre - que no hablaba inglés - en un autobús hacia la costa de New Jersey para encontrarnos con el jefe de policía del distrito de Sea Bright para comer y disculparnos por contaminar [su] playa con una botella de Gatorade usada.

 

A cambio de esta disculpa pública habíamos quedado en que el jefe de policía le enseñaría el trabajo de un policía de barrio durante un dia cualquiera. Unos días

después, dos más de mis alumnos de doce años viajaron solos a la Calle West First desde Harlem donde empezaron el aprendizaje con un editor de periódicos, la siguiente semana tres de mis alumnos se encontraban en mitad de los muelles de carga de Jersey a las seis de la mañana, estudiando la mente del presidente de una compañía de transporte por carretera que despachaba trailers hacia Dallas, Chicago y Los Ángeles.

 

¿Pertenecen estos chicos "especiales" a algún programa" especial"?. Bueno, en cierto modo si, pero nadie sabe sobre este programa salvo los chicos y yo. Solo son buenos chavales de Harlem, brillantes y alertas, pero tan mal escolarizados cuando me los encontré que la mayoría de ellos no sabían sumar o restar cantidades. Ni uno de ellos sabía la población de Nueva York o cuan lejos está Nueva York de California.

 

¿Eso me preocupaba? Por supuesto, pero tenía confianza en que según iban ganando confianza en si mismos también se convertirían en sus propios maestros, y solo la auto-enseñanza tiene un valor a largo plazo.

 

Tenemos que devolver a los niños tiempo libre ahora mismo porque esa es la clave para el auto-aprendizaje, y debemos re-introducirles en el mundo real tan rápido como sea posible para que el tiempo libre pueda ser gastado en algo más que abstracciones. Es una emergencia, requiere una drástica acción de corrección -nuestros niños están cayendo como moscas dentro de la institución escolar, ya sea buena o mala, no importa.

Es irrelevante.

 

¿Qué más necesita un sistema escolar re-estructurado? Necesita que deje de ser un parásito del trabajo de la comunidad en la que se inserta. De todas las páginas escritas en la contabilidad de la historia, solo existe una entrada donde se recluya a nuestros jóvenes y no les pidamos nada de ellos al servicio del bien común.

Llego incluso a creer que necesitamos hacer de los servicios a la comunidad una parte importante de la enseñanza escolar. Además de la experiencia enriquecedora que supone trabajar de forma no egoísta, es la forma más rápida de dotar a los jóvenes de responsabilidades reales en la vida corriente.

 

Durante cinco años manejé un programa escolar no convencional donde cada niño, pobre y rico, listo y no tanto, tenía que dar 320 horas de servicios a la comunidad. Decenas de estos niños volvieron años después, ya crecidos, y me contaron que la experiencia de ayudar a alguien les había cambiado sus vidas. Les había enseñado a ver desde otra perspectiva, a repensar metas y valores

 

Ocurrió cuando tenían trece años, durante el programa de practicas de Laboratorio, y solo fue posible porque el distrito escolar rico de al lado estaba en reestructuración. Cuando volvió la "estabilidad", el laboratorio común cerró. Fue una experiencia muy exitosa con un grupo de jóvenes bastante heterogéneos, a un coste demasiado bajo, como para permitir que continuara. Hicimos que los costosos programas de elite lucieran mal.

 

No hay escasez de problemas reales en la ciudad. A los niños se les puede pedir que ayuden a resolver los problemas a cambio del respeto y la atención de todo el mundo adulto. Bueno para niños, bueno para el resto de nosotros. Eso es un currículo que enseña lo que es la Justicia, una de las cuatro virtudes cardinales en cada sistema de educación de élite.

 

Estudio independiente, servicios a la comunidad, arriesgarse a la experiencia, largos periodos de privacidad y soledad, un millar de diferentes formas de aprendizaje, una por dia o más tiempo - estas son medidas potentes, baratas, y efectivas de empezar una reforma real de la escolarización. Pero ninguna reforma a gran escala va a funcionar de forma que permita recuperar a nuestros jóvenes ya dañados ni a nuestra sociedad enferma hasta que impongamos abiertamente la idea de que la escuela debe incluir a la familia como motor principal de la educación

 

Los suecos se dieron cuenta de eso en 1976 cuando abandonaron el sistema de adoptar niños no deseados y en vez de eso emplearon tiempo y fondos nacionales para reforzar la familia original, de modo que todos los niños nacidos en Suecia fueran deseados. No tuvieron éxito por completo pero si redujeron el número de niños suecos de 6000 en 1976 a 15 en 1986. Entonces se puede hacer. Los suecos simplemente se cansaron de pagar el remanente social causado por niños que no fueron criados por sus padres naturales, de modo que hicieron algo al respecto. Nosotros también podemos hacerlo.

 

La familia es el principal motor de la educación. Si utilizamos la escolarización para separar a los niños de sus padres - y no nos confundamos, esa ha sido la función central de las escuelas desde que John Cotton lo anunció como el propósito de las escuelas de Bay Colony en 1650 y Horace Mann lo declaró como el proposito de las escuelas de Massachusetts en 1850 - vamos a continuar con el espectáculo de horror que tenemos ahora. El currículo de la familia está en el corazón de cualquier buena vida, nos hemos alejado de ese currículo; es hora de volver a el.

 

La forma de devolver la salud a la educación es que nuestras escuelas se liberen del dominio absoluto de las instituciones sobre la vida familiar, es promocionar durante el tiempo de escolarización confluencias de padres e hijos que fortalezcan los lazos familiares.

Ese fue mi objetivo real cuando envié a la chica y su madre al distrito de la costa de Jersey para encontrarse con el jefe de policía. Tengo muchas ideas para formular un currículo familiar y supongo que muchos de ustedes también las tendrán, una vez que empiecen a pensar al respecto.

 

Nuestro mayor problema en lograr que este tipo de pensamiento popular pueda reformar la escolarización es que tenemos muchos intereses creados bloqueando de antemano estos esfuerzos, sacando provecho de la escolarización tal cual es, a pesar de que su vacía retórica pueda declamar lo opuesto.

Tenemos que exigir que nuevas voces y nuevas ideas sean escuchadas, mis ideas y las de ustedes.

 

Ya hemos tenido un amplio repertorio de voces autorizadas, divulgadas ampliamente en la prensa escrita y la televisión - una década de debate para todos es lo que se necesita ahora, no más opiniones de "expertos”.

Los expertos en educación nunca han tenido razón, sus "soluciones" son costosas, auto-complacientes, y siempre requieren mayor centralización.

 

Suficiente.

Es hora de volver a la democracia, al individualismo y a la familia

Ya dije lo que quería decir. Gracias.

...

Acepto este premio en representación de todos los buenos profesores que he conocido a lo largo de los años quienes han luchado por que sus interacciones con los niños sean honorables, hombres y mujeres nunca complacientes, siempre inquisitivos, luchando para definir y redefinir una y otra vez el significado de la palabra "educación".

 

Un Maestro del Año no es el mejor maestro que está por ahí, esas personas son muy calladas para ser descubiertas fácilmente, sino un portador de un estándar, símbolo de aquellas personas que predisponen sus vidas al servicio de los niños. Este es tanto su premio como el mío.

 

 

 

Este artículo es el texto del discurso de John Taylor Gatto aceptando el Premio al Maestro del Año de la Ciudad de Nueva York, el 31 de enero 1991. Reproducido con autorización de The Odysseus Group, en representación de John Gatto.

 

 

 


 

 

Por qué la escuela no educa

John Taylor Gatto

 

 Discurso de aceptación de John Taylor Gatto para el galardón de Maestro del Año de Nueva York, el 30 de enero de 1990.

 

 

 

 Acepto este premio en nombre de todos los buenos profesores que he conocido a lo largo de los años y que han luchado para hacer de  sus relaciones con los niños algo digno, hombres y mujeres que nunca están conformes, siempre cuestionando, siempre esforzándose por definir y redefinir lo que la palabra "educación" debería  significar. Un Profesor del Año no es el mejor profesor, éstos suelen pasar demasiado desapercibidos para ser fácilmente descubiertos, pero es un modelo, símbolo de esas gentes anónimas que utilizan sus vidas gratamente al servicio de los niños. Este es su premio tanto como mío.

 

Vivimos en una época de profunda crisis escolar. Nuestros niños se clasifican a la cola de las diecinueve naciones más industrializadas en lectura, escritura y aritmética. Muy a la

cola. La economía mundial narcótica está basada sobre nuestro propio consumo de las mercancías, de forma que si no compramos tantos sueños de humo el negocio colapsaría - y las escuelas son un importante centro de compra -. Nuestra tasa de suicidios de  adolescentes es la mayor del mundo y los que se suicidan son niños ricos en su mayor parte, no los pobres. En Manhattan el cincuenta por ciento de los nuevos matrimonios duran menos de cinco años. Algo debe ir mal con seguridad.

 

 La crisis de nuestra escuela es un reflejo de una crisis social más amplia. Parece que hemos perdido nuestra identidad. Niños y ancianos son encerrados y aislados de fuera de lo que sucede en el mundo hasta un grado sin precedentes - nadie habla con ellos ya – y sin niños y ancianos mezclándose en la vida diaria una comunidad no tiene futuro ni pasado, solo un presente continuo. De hecho, el nombre "comunidad" apenas se aplica ya a la forma en que

 interactuamos con los demás. Vivimos en redes, no en comunidades, y todos los que conozco están solos por eso. En cierto modo la escuela es responsable privilegiado de esta tragedia tal y como lo es también en la creciente brecha entre clases sociales. Utilizar las escuelas como un mecanismo de selección no hace sino crear un sistema de castas, lleno por abajo de intocables que vagan por los trenes del metro pidiendo y durmiendo en las calles.

 

 He observado un fenómeno fascinante en mis veinticinco años de ejercicio de la profesión: que las escuelas y la escolarización son crecientemente irrelevantes para las grandes empresas del planeta. Nadie cree ya que los científicos son enseñados en clases de ciencias o que los políticos en clases de civismo o que los poetas lo son en clases de inglés. La verdad es que las escuelas no enseñan nada salvo como obedecer órdenes. Esto es un gran

misterio para mi porque miles de personas, gentes responsables trabajan en las escuelas como profesores, cuidadores y gestores pero la lógica abstracta de la institución sobrepasa sus contribuciones individuales. Aunque los profesores se preocupan y trabajan duro, la

institución es psicopática - no tiene conciencia -. Suena la sirena y el joven que se encontraba escribiendo un poema debe cerrar sus cuaderno y moverse a otra aula donde deberá memorizar que el hombre y el mono derivan de un ancestro común.

 

 Nuestro sistema de enseñanza obligatoria es un invento del Estado de Massachussets hacia 1850. Fue resistido - a veces hasta con las armas por un considerable ochenta por ciento de la población de Massachussets- con un último reducto en Barnstable On Cape Cod que

 no entregaron a los niños hasta la década de los 1880 cuando la localidad fue asediada por el ejército y los niños marcharon a la escuela escoltados.

 

 Aquí tenemos un curioso dato para meditar. La oficina del Senador Ted Kennedy ha sacado un estudio no hace mucho indicando que antes de la educación obligatoria la tasa de alfabetización en el estado era del 98% y que después jamás volvió a alcanzar el 91%, donde se mantiene en 1991. Espero que les sirva.

 

 Aquí hay otra curiosidad sobre la que pensar. El movimiento de "escuela en casa" ha ido creciendo paulatinamente hasta un tamaño de un millón y medio de jóvenes que son educados por completo por sus padres y sus comunidades. El último mes la prensa educativa reportó la increíble noticia de que los niños escolarizados en casa parecen estar entre cinco y diez años por delante de sus compañeros escolarizados formalmente en su capacidades cognitivas.

 

 No creo que nos libremos de las escuelas en un futuro cercano, no ciertamente en lo que me queda de vida, pero si hemos de cambiar lo que se está convirtiendo en un desastre de ignorancia, hemos de entender que la institución educativa "escolariza" muy bien, pero no "educa" - algo por completo inherente al diseño organizacional.  No es la culpa de los malos profesores o del poco dinero gastado, es que es imposible que la educación y la escolarización puedan llegar a ser alguna vez la misma cosa.

 

 Las escuelas fueron diseñadas por Horace Mann y Barnard Sears Harper de la Universidad de Chicago y por Thorndyke de la Escuela Normal de Columbia y otros hombres para ser instrumentos de la dirección científica de las masas. Las escuelas están diseñadas para producir, a través de la aplicación de fórmulas, seres humanos estandarizados cuyo comportamiento pueda ser predecible y controlado.

 

 En gran medida, las escuelas han cumplido su objetivo. Pero nuestra sociedad se está desintegrando, y en esta sociedad, sólo las personas exitosas son auto-suficientes, seguras en sí mismas e individualistas - porque la comunidad de vida que protege al dependiente y al débil está muerta -. Lo que produce la escuela es, como dije, irrelevante. Las personas bien-escolarizadas son irrelevantes. Pueden vender películas y hojas de afeitar, recoger papel reciclado o hablar al teléfono en líneas de teleoperación, o sentarse estúpidamente delante de un terminal de ordenador pero como seres humanos son inservibles. Completamente inservibles para los demás y para si mismos.

 

 

La miseria diaria a nuestro alrededor está causada en gran medida por el hecho de que - tal y como Paul Goodman lo estableció hace treinta años- forzamos a los niños a crecer en el absurdo. Cualquier reforma de la escolaridad tiene que tratar con elementos absurdos en su naturaleza intrínseca.

 

 

Es absurdo y anti-vital ser parte de un sistema que te obliga a sentarte en lugares recluidos para gente de la misma edad y clase social que tú. Ese sistema te aparta radicalmente de la inmensa diversidad de la vida y de las sinergias de la variedad, de hecho te castra tu propio ser y futuro, acoplándote a un presente continuo de igual forma a como lo hace la televisión.

Es absurdo y anti-vital ser parte de un sistema que te obliga a escuchar a un extraño leyendo poesía cuando lo que realmente quieres es construir casas, o sentarte a discutir con un extraños obre la construcción de casas cuando lo que realmente quieres es leer poesía.

Es absurdo y anti-vital moverte de aula en aula al sonido de una sirena durante todos los días de tu infancia natural en una institución que no te permite ninguna privacidad y que incluso te la quita en el santuario de tu propia casa pidiéndote que hagas tus "deberes".

"¿Cómo aprenderán a leer?" dirán algunos y mi respuesta es "Recuerda la lección de Massachussets". Cuando los niños reciben experiencias completas en vez de las graduadas en aularios, entonces aprenden a leer, a escribir y cálculo con total facilidad si esas cosas tienen sentido en el ambiente vital que les rodea.

 

 

Pero recordad que en los Estados Unidos casi nadie que lea, escriba o sepa cálculo tiene mucho respeto. Somos una tierra de charlatanes, pagamos mejor a los charlatanes y les admiramos, así que nuestros hijos hablan constantemente, siguiendo el modelo de la televisión y de sus profesores. Es muy difícil enseñar incluso lo más "básico" porque ya no son "básicos" en la sociedad que hemos creado.

 

 

Dos instituciones controlan a dia de hoy la vida de nuestros hijos: la televisión y la escuela, por este orden. Ambos reducen el mundo real de sabiduría, fortaleza, templanza y justicia hacia una abstracción sin final y sin frenos. En los siglos pasados los niños y adolescentes estaban ocupados en trabajo real, caridad real, aventuras reales, y en la búsqueda real de maestros que pudieran enseñarnos lo que realmente queríamos aprender. Mucho tiempo se pasaba en desempeños comunitarios, practicando el afecto mutuo, el entendimiento y estudiando cada nivel de la comunidad, aprendiendo cómo hacer una casa, y docenas de otras tareas necesarias para convertirse en un hombre o mujer íntegro.

 

 

Pero aquí está el cálculo del horario que dispone cualquier niño de los que enseño:

De las 168 horas que tiene la semana, tienen que dormir 56. Lo que les deja 112 hora a la semana en las que formarse. Ven unas 55 horas de televisión a la semana de acuerdo a informes recientes. Lo que les deja 57 horas a la semana en las que crecerse. Tiene que ir a la escuela unas 30 horas a la semana, usando unas 6 horas en prepararse, ir y volver a casa, y gastan una media de 7 horas a la semana en deberes- en total hacen 45 horas. Durante este tiempo, están en constante vigilancia, no tienen tiempo ni espacio privado, y son reñidos si tratan de acoplarse individualmente al uso de espacio y tiempo. Eso deja 12 horas a la semana para crearse una conciencia de si individualizada. Por supuesto que mis alumnos comen también, y eso añade algo de tiempo - no mucho, porque hemos perdido la tradición de la comida familiar, por lo que si quitamos 3 horas a la semana para cenas, llegamos a la cantidad neta de tiempo privado para cada niño de 9 horas a la semana.

No es suficiente, ¿verdad?. Cuanto más rica es la familia del niño, menos televisión que ve pero más tiempo que tiene dirigido por una oferta más amplia de entretenimientos comerciales y su inevitable inclusión en una serie de áreas de formación complementaria raramente a su libre elección.

 

 

Y todas estas cosas son curiosamente una forma más solapada de crear seres humanos dependientes, incapaces de llenar su tiempo libre, incapaces de iniciar senderos que le den un significado sustancioso y feliz a su existencia. Es una enfermedad nacional, esta dependencia y falta de objetivo, y creo que la escolarización, la televisión y las lecciones - toda la idea Chautauqua- tiene mucho que ver con ello.

 

 

Pensad en lo que nos está matando como nación – drogas narcotizantes, competición desenfrenada, sexo recreacional, la pornografía de la violencia, juego, alcohol, y la peor pornografía de todas - vidas dedicadas a comprar cosas, la acumulación como filosofía - todas ellas son adicciones de personalidades dependientes, y eso es la marca que deja inevitablemente la escolarización.

Quiero contaros el efecto que produce en los chicos el quitarles todo su tiempo - tiempo que necesitan para desarrollarse – y forzándoles a gastarlo en abstracciones. Tenéis que escuchar esto, porque ninguna reforma que no ataque estas patologías específicas no serán más que un mero lavado de cara.

 

 

1. Los niños a los que enseño son indiferentes al mundo adulto. Esto desafía la experiencia de miles de años. Un observación intensiva de lo que "los mayores" hacían siempre fue una de las más excitantes ocupaciones de los jóvenes, pero nadie quiere crecer ahora, ¿y quien les puede culpar de ello? Nosotros somos los juguetes.

2. Los niños a los que enseño ya apenas sienten curiosidad y la poca que muestran es transitoria, no pueden concentrarse durante mucho tiempo, incluso en lo que quieren hacer. ¿Podéis ver la conexión entre las sirenas sonando una y otra vez para cambiar de clase y este fenómeno de atención evanescente?.

 

 

3. Los niños a los que enseño tienen un pobre sentido del futuro, de como el mañana está indefectiblemente unido al presente.Como dije antes, viven en un presente continuo, el preciso momento en el que se encuentran es el límite de su conciencia.

 

 

4. Los niños a los que enseño son ahistóricos, no tienen conciencia de cómo el pasado ha dado forma a su propio presente, limitando sus elecciones, moldeando sus valores y sus vidas.

 

 

5. Los niños a los que enseño son crueles entre si, muestran falta de compasión ante los infortunios, ríen las debilidades, y muestran desprecio por aquellos que muestran necesidad de ayuda demasiado abiértamente.

 

 

6. Los niños a los que enseño se encuentran intranquilos ante la intimidad y la franqueza. No soportan una verdadera intimidad debido a una costumbre de por vida de guardar los secretos dentro de si mismos por lo que van formando su personalidad a base de trozos y partes de comportamiento prestados de la televisión o adquiridos para manipular a sus profesores. Puesto que no son ellos quienes dicen ser, el disfraz se les cae en la intimidad por lo que las relaciones íntimas deben ser evitadas.

 

 

7. Los niños a los que enseño son materialistas, siguiendo la estela de sus maestros que materialistamente "gradúan" todo -y sus tutores televisivos que ofrecen todo lo imaginable "gratis".

 

 

8. Los niños a los que enseño son dependientes, pasivos, y tímidos ante la presencia de nuevos desafíos. Esto es a menudo ocultado mediante actos de bravuconería, mediante enfados y agresividades que en el fondo solo expresan un vacío sin fortaleza interior.

 

 

Podría hablar de otras cuantas condiciones que una reforma de la escolarización tendría que afrontar si nuestro declive nacional pretendiera detenerse, pero por el momento ya habéis comprendido mi postura, tanto si estáis de acuerdo con ella como si no. Puede que sean las escuelas las que causen estas patologías, o la televisión, o ambas. Es una simple cuestión de aritmética, entre escuela y televisión todo el tiempo que los chicos tienen libre es absorbido por ambas. Eso es lo que destruyó la familia americana, que ya no es más un factor en la educación de sus propios hijos. Televisión y escuela, ahí debe buscarse a los responsables.

 

 

¿Qué hacer? Necesitamos un feroz debate nacional que no decaiga, día tras día, año tras año. Necesitamos gritar y discutir sobre este modelo de escuela hasta que se arregle o se retire de la circulación para su reparación, una cosa u otra. Si podemos arreglarlo, de acuerdo; si no podemos, entonces el éxito del movimiento de "escuela en casa" muestra una vía alternativa con futuro prometedor. Poner el dinero que ahora gastamos en escolarización, hacia la educación en la familia podría matar dos pájaros de un tiro, reparar las familias al tiempo que reparamos a los hijos.

 

 

Una reforma genuina es posible pero no debería costarnos nada. Necesitamos volver a pensar en las premisas fundamentales de la escolarización y decidir qué es lo que queremos que los niños aprendan y por qué.

Durante 140 años esta nación ha tratado de imponer objetivos de arriba a abajo desde los altivos puestos de mando centrales conformados por "expertos", una élite central de ingenieros sociales. No ha funcionado. No va a funcionar. Y es una gran traición a la promesa democrática que hizo en su dia de esta nación un noble experimento. El intento soviético de crear una república platónica en el Este de Europa ha sucumbido ante nuestra vista, nuestro propio intento de imponer el mismo tipo de ortodoxia centralizada utilizando las escuelas como un instrumento también se está resquebrajando, solo que mas lenta y dolorosamente. No funciona porque sus premisas fundamentales son mecanicistas, anti-humanas, y hostiles a la vida familiar. Las vidas pueden ser controladas por la maquinaria educativa pero siempre se revolverán con las armas de la patología social: drogas, violencia, auto-destrucción, indiferencia y todos los síntomas que veo en los niños que educo.

 

 

Ya es hora de que miremos hacia atrás para recobrar una filosofía educacional que funcione. Una que me gusta especialmente fue la favorita de las clases dirigentes europeas durante miles de años. Utilizo tanto de ella como me lo permite mi condición deprofesor, es decir, tanto como puedo dentro de la institución de la escolarización obligatoria. Creo que funciona tanto para los niños pobres como para los ricos.

En el núcleo de este sistema de educación para las élites está la creencia de que el auto-aprendizaje es la única base del verdadero aprendizaje. En cualquier sitio en este sistema, a cualquier edad, encontrarás acuerdos para colocar al niño solo en un punto no definido y con un problema que resolver. Algunas veces el problema lleva implícito grandes riesgos, como el problema de cabalgar un caballo o hacerlo saltar, pero eso, claro, es un problema satisfactoriamente resuelto por miles de niños de la élite antes de cumplir diez años. ¿Podemos imaginar a alguien que haya superado tal desafío que alguna vez le faltara confianza en su habilidad para hacer algo?. A veces el problema es un problema de superar la soledad, como hizo Thoreau en Wald en Pond o Einstein en Suiza.

 

 

Uno de mis antiguos alumnos, Roland Legiardi-Lura, aunque huérfano de sus dos padres y sin herencia, cogió una bicicleta y atravesó solo los Estados Unidos cuando apenas había superado la niñez. No nos puede extrañar entonces que ya siendo un adulto, decidiera hacer una película sobre Nicaragua, aunque no tuviera dinero ni experiencia previa en la realización de películas, y que ganara un premio internacional, aunque su trabajo regular fuera el de carpintero.

 

 

Ahora estamos hablando todo el rato de que nuestros jóvenes necesitan desarrollar auto-conocimiento. Ya basta de tanta charlatanería. Tenemos que crear experiencias escolares que devuelvan a los niños su tiempo, necesitamos confiarles desde una edad temprana con independencia de estudios, quizás programado desde el colegio pero que tenga lugar fuera de la institución educativa. Necesitamos crear un curriculum donde cada niño tenga la oportunidad de desarrollar su individualidad y su auto-confianza.

Hace poco cogi setenta dólares y envié a una niña de doce años de mi clase con su madre - que no hablaba inglés - en un autobús hacia la costa de New Jersey para encontrarnos con el jefe de policía del distrito de Sea Bright para comer y disculparnos por contaminar la playa con un casco de Gatorade. A cambio de esta disculpa pública habíamos quedado en que el jefe de policía le enseñaría el trabajo de un policía de barrio durante un dia cualquiera. Unos días después, dos más de mis alumnos de doce años viajaron solos a la Calle West First desde Harlem donde empezaron el aprendizaje con un editor de periódicos, la siguiente semana tres de mis alumnos se encontraban en mitad de los muelles decarga de Jersey a las seis de la mañana, estudiando la mente del presidente de una compañía de transporte por carretera que despachaba trailers hacia Dallas, Chicago y Los Ángeles.

 

 

¿Pertenecen estos chicos "especiales" a algún programa" especial"?. Bueno, en cierto modo si, pero nadie sabe sobre este programa salvo los chicos y yo. Solo son buenos chavales de Harlem, brillantes y alertas, pero tan mal escolarizados cuando me los encontré que la mayoría de ellos no sabían sumar o restar cantidades. Ni uno de ellos sabía la población de Nueva York o cuan lejos está Nueva York de California.

¿Eso me preocupaba? Por supuesto, pero tenía confianza en que según iban ganando confianza en si mismos también se convertirían en sus propios maestros, y solo la auto-enseñanza tiene un valor a largo plazo.

Tenemos que devolver a los niños tiempo libre desde ya mismo porque esa es la clave para el auto-aprendizaje, y debemos re-introducirles en el mundo real tan rápido como sea posible para que el tiempo libre pueda ser gastado en algo más que abstracciones. Es una emergencia, requiere una drástica acción de corrección -nuestros niños están cayendo como moscas dentro de la institución escolar, ya sea buena o mala, no importa. Es irrelevante.

 

 

¿Qué más necesita un sistema escolar re-estructurado? Necesita que deje de ser un parásito del trabajo de la comunidad en la que se inserta. De todas las páginas escritas en la contabilidad de la historia, solo existe una entrada donde se recluya a nuestros jóvenes y no les pidamos nada de ellos al servicio del bien común. Llego incluso a creer que necesitamos hacer de los servicios a la comunidad una parte importante de la enseñanza escolar. Además de la experiencia enriquecedora que supone trabajar de forma no egoísta, es la forma más rápida de dotar a los jóvenes de responsabilidades reales en la vida corriente.

 

 

Durante cinco años manejé un programa escolar "autónomo" donde cada niño, pobre y rico, listo y no tan listo, tenía que dar 320 horas de trabajosos servicios a la comunidad. Decenas de estos niños volvieron años después, ya crecidos, y me contaron que la experiencia de ayudar a alguien les había cambiado sus vidas. Les había enseñado a ver desde otra perspectiva, a repensar metas y valores. Ocurrió cuando tenían trece años, durante el programa de practicas de Laboratorio, y solo fue posible porque el distrito escolar rico de al lado estaba en reestructuración. Cuando volvió la "estabilidad", el laboratorio común cerró. Fue una experiencia muy satisfactoria con un grupo de jóvenes bastante heterogéneos, a un coste demasiado bajo, como para permitir que continuara...

 

 

Estudio independiente, servicios a la comunidad, aventuras y experiencia, largos periodos de privacidad y soledad, un millar de diferentes formas de aprendizaje, una por dia o más tiempo – estas son medidas potentes, baratas, y efectivas de empezar una reforma real de la escolarización. Pero ninguna reforma a gran escala va afuncionar de forma que permita recuperar a nuestros jóvenes ya dañados ni a nuestra sociedad enferma hasta que impongamos abiertamente la idea de que la escuela debe incluir a la familia como motor principal de la educación. Si utilizamos la escolarización para separar a los hijos de los padres - y no nos engañemos, esa fue la principal función de las escuelas desde que John Cotton lo anunciará como el propósito de las escuelas de Bay Colony en 1650 y Horace Mann lo enunciara como el propósito de las escuelas de Massachussets en 1850 - vamos a continuar con el espectáculo de horror que tenemos ahora.

 

 

El "Curriculum de la Familia" está en el corazón de cualquier buena vida. Nos hemos alejado de ese curriculum; es hora de volver a ello. La forma de devolver la salud a la educación es que nuestras escuelas se liberen del dominio absoluto de las instituciones sobre la vida familiar, es promocionar durante el tiempo de escolarización confluencias de padres e hijos que fortalezcan los lazos familiares. Ese fue mi fin último cuando envié a la chica y su madre al distrito de la costa de Jersey para encontrarse con el jefe de policía.

 

 

Tengo muchas ideas para formular un curriculum familiar y estoy seguro que muchos de ustedes también las tienen. Nuestro mayor problema en conseguir que una vez popularizada esta forma de pensar pueda el sistema educativo ser reformado ya que tenemos unos intereses creados que se apropian de antemano de estas ideas para continuar con la escuela como está, a pesar de la utilización de una retórica aparentemente contraria.

 

 

Tenemos que exigir que nuevas voces y nuevas ideas sean escuchadas, mis ideas y las vuestras. Ya hemos tenido un amplio repertorio de voces muy autorizadas y con eco en medios escritos y televisión; una década de debate para todos es lo que se necesita ahora, no más opiniones de "expertos". Los expertos en educación nunca han tenido razón, sus "soluciones" son costosas, auto-complacientes, y siempre requieren mayor centralización. Ya hemos visto los resultados.

 

 

Es hora de volver a la democracia, al individualismo y a la familia.Ya dije lo que quería decir. Gracias.

 

(*) John Taylor Gatto fue galardonado durante tres años consecutivos como Maestro del Año de Nueva York, el último de los cuales decidió abandonar sus treinta años de carrera con un artículo en el Wall Street Journal ("I quit, I think"). Desde entonces trabaja incansablemente en la crítica al sistema educativo vigente.

Sus libros más recientes son "Dumbing us Down"y "Underground History of American Education"

 

 

 

 

 

 

 


 

En Inglés

 

Various:

http://www.world-prosperity.org/education_3.htm

 

 

The 7-Lesson Schoolteacher

by John Taylor Gatto
New Society Publishers, 1992


Call me Mr. Gatto, please. Twenty-six years ago, having nothing
better to do at the time, I tried my hand at schoolteaching. The
license I hold certifies that I am an instructor of English language and
English literature, but that isn't what I do at all. I don't teach
English, I teach school -- and I win awards doing it.

Teaching means different things in different places, but seven
lessons are universally taught Harlem to Hollywood Hills. They
constitute a national curriculum you pay more for in more ways than you
can imagine, so you might as well know what it is. You are at liberty,
of course, to regard these lessons any way you like, but believe me when
I say I intend no irony in this presentation. These are the things I
teach, these are the things you pay me to teach. Make of them what you
will:


I.

A lady named Kathy wrote this to me from Dubois, Indiana the other
day:

"What big ideas are important to little kids? Well, the biggest
idea I think they need is that what they are learning isn't
idiosyncratic -- that this is some system to it all and it's not just
raining down on them as they helplessly absorb. That's the task, to
understand, to make coherent."

Kathy has it wrong. The first lesson I teach is confusion.
Everything I teach is out of context... I teach the unrelating of
everything. I teach disconnections. I teach too much: the orbiting of
planets, the law of large numbers, slavery, adjectives, architectural
drawing, dance, gymnasium, choral singing, assemblies, surprise guests,
fire drills, computer languages, parent's nights, staff-development
days, pull-out programs, guidance with strangers you may never see
again, standardized tests, age-segregation unlike anything seen in the
outside world... what do any of these things have to do with each
other?

Even in the best schools a close examination of curriculum and its
sequences turns up a lack of coherence, full of internal contradictions.
Fortunately the children have no words to define the panic and anger
they feel at constant violations of natural order and sequence fobbed
off on them as quality in education. The logic of the school-mind is
that it is better to leave school with a tool kit of superficial jargon
derived from economics, sociology, natural science and so on than to
leave with one genuine enthusiasm. But quality in education entails
learning about something in depth. Confusion is thrust upon kids by too
many strange adults, each working alone with only the thinnest
relationship with each other, pretending for the most part, to an
expertise they do not possess.

Meaning, not disconnected facts, is what sane human beings seek,
and education is a set of codes for processing raw facts into meaning.
Behind the patchwork quilt of school sequences, and the school obsession
with facts and theories the age-old human search lies well concealed.
This is harder to see in elementary school where the hierarchy of school
experience seems to make better sense because the good-natured simple
relationship of "let's do this" and "let's do that now" is just assumed
to mean something and the clientele has not yet consciously discerned
how little substance is behind the play and pretense.

Think of all the great natural sequences like learning to walk and
learning to talk, following the progression of light from sunrise to
sunset, witnessing the ancient procedures of a farm, a smithy, or a
shoemaker, watching your mother prepare a Thanksgiving feast -- all of
the parts are in perfect harmony with each other, each action justifies
itself and illuminates the past and future. School sequences aren't
like that, not inside a single class and not among the total menu of
daily classes. School sequences are crazy. There is no particular
reason for any of them, nothing that bears close scrutiny. Few teachers
would dare to teach the tools whereby dogmas of a school or a teacher
could be criticized since everything must be accepted. School subjects
are learned, if they can be learned, like children learn the catechism
or memorize the 39 articles of Anglicanism. I teach the un-relating of
everything, an infinite fragmentation the opposite of cohesion; what I
do is more related to television programming than to making a scheme of
order. In a world where home is only a ghost because both parents work
or because too many moves or too many job changes or too much ambition
or something else has left everybody too confused to stay in a family
relation I teach you how to accept confusion as your destiny. That's
the first lesson I teach.

The second lesson I teach is your class position. I teach that
you must stay in class where you belong. I don't know who decides that
my kids belong there but that's not my business. The children are
numbered so that if any get away they can be returned to the right
class. Over the years the variety of ways children are numbered has
increased dramatically, until it is hard to see the human being plainly
under the burden of numbers he carries. Numbering children is a big and
very profitable business, though what the strategy is designed to
accomplish is elusive. I don't even know why parents would allow it to
be done to their kid without a fight.

In any case, again, that's not my business. My job is to make
them like it, being locked in together with children who bear numbers
like their own. Or at the least endure it like good sports. If I do my
job well, the kids can't even imagine themselves somewhere else because
I've shown how to envy and fear the better classes and how to have
contempt for the dumb classes. Under this efficient discipline the
class mostly polices itself into good marching order. That's the real
lesson of any rigged competition like school. You come to know your
place.

In spite of the overall class blueprint which assume that 99
percent of the kids are in their class to stay, I nevertheless make a
public effort to exhort children to higher levels of test success,
hinting at eventual transfer from the lower class as a reward. I
frequently insinuate that the day will come when an employer will hire
them on the basis of test scores and grades, even though my own
experience is that employers are rightly indifferent to such things. I
never lie outright, but I've come to see that truth and schoolteaching
are, at bottom, incompatible just as Socrates said they were thousands
of years ago. The lesson of numbered classes is that everyone has a
proper place in they pyramid and that there is no way out of your class
except by number magic. Until that happens you must stay where you are
put.

The third lesson I teach kids is indifference. I teach children
not to care about anything too much, even though they want to make it
appear that they do. How I do this is very subtle. I do it by
demanding that they become totally involved in my lessons, jumping up
and down in their seats with anticipation, competing vigorously with
each other for my favor. It's heartwarming when they do that, it
impresses everyone, even me. When I'm at my best I plan lessons very
carefully in order to produce this show of enthusiasm. But when the
bell rings I insist that they stop whatever it is that we've been
working on and proceed quickly to the next work station. They must turn
on and off like a light switch. Nothing important is ever finished in
my class, nor in any other class I know of. Students never have a
complete experience except on the installment plan.

Indeed, the lesson of the bells is that no work is worth
finishing, so why care too deeply about anything? Years of bells will
condition all but the strongest to a world that can no longer offer
important work to do. Bells are the secret logic of schooltime; their
argument is inexorable. Bells destroy the past and future, converting
every interval into a sameness, as an abstract map makes every living
mountain and river the same even though they are not. Bells inoculate
each undertaking with indifference.

The fourth lesson I teach is emotional dependency. By stars and
red checks, smiles and frowns, prizes, honors and disgraces I teach you
to surrender your will to the predestined chain of command. Rights may
be granted or withheld by any authority, without appeal because rights
do not exist inside a school, not even the right of free speech, the
Supreme Court has so ruled, unless school authorities say they do. As a
schoolteacher I intervene in many personal decisions, issuing a Pass for
those I deem legitimate, or initiating a disciplinary confrontation for
behavior that threatens my control. Individuality is constantly trying
to assert itself among children and teenagers so my judgments come thick
and fast. Individuality is a contradiction of class theory, a curse to
all systems of classification. Here are some common ways it shows up:
children sneak away for a private moment in the toilet on the pretext of
moving their bowels; they trick me out of a private instant in the
hallway on the grounds that they need water. I know they don't but I
allow them to deceive me because this conditions they to depend on my
favors. Sometimes free will appears right in front of me in children
angry, depressed or happy by things outside my ken; rights in such
things cannot be recognized by schoolteachers, only privileges which can
be withdrawn, hostages to good behavior.

The fifth lesson I teach is intellectual dependency. Good people
wait for a teacher to tell them what to do. It is the most important
lesson, that we must wait for other people, better trained than
ourselves, to make the meanings of our lives. The expert makes all the
important choices; only I can determine what you must study, or rather,
only the people who pay me can make those decisions which I enforce. If
I'm told that evolution is fact instead of a theory I transmit that as
ordered, punishing deviants who resist what I have been to think.

This power to control what children will think lets me separate
successful students from failures very easily. Successful children do
the thinking I appoint them with a minimum of resistance and decent show
of enthusiasm. Of the millions of things of value to study, I decide
what few we have time for, or it is decided by my faceless employer.
The choices are his, why should I argue? Curiosity has no important
place in my work, only conformity.

Bad kids fight this, of course, even though they lack the concepts
to know what they are fighting, struggling to make decisions for
themselves about what they will learn and when they will learn it. How
can we allow that and survive as schoolteachers? Fortunately there are
procedures to break the will of those who resist; it is more difficult,
naturally, if the kid has respectable parents who come to his aid, but
that happens less and less in spite of the bad reputation of schools.
Nobody in the middle class I ever met actually believes that their kid's
school is one of the bad ones. Not a single parent in 26 years of
teaching. That's amazing and probably the best testimony to what
happens to families when mother and father have been well-schooled
themselves, learning the seven lessons.

Good people wait for an expert to tell them what to do. It is
hardly an exaggeration to say that our entire economy depends upon this
lesson being learned. Think of what would fall apart if kids weren't
trained to be dependent:

The social-service businesses could hardly survive, they would
vanish I think, into the recent historical limbo out of which they
arose. Counselors and therapists would look on in horror as the supply
of psychic invalids vanished. Commercial entertainment of all sorts,
including television, would wither as people learned again how to make
their own fun. Restaurants, prepared-food and a whole host of other
assorted food services would be drastically down-sized if people
returned to making their own meals rather than depending on strangers to
plant, pick, chop and cook for them. Much of modern law, medicine, and
engineering would go, too, the clothing business and schoolteaching as
well, unless a guaranteed supply of helpless people poured out of our
schools each year.

The sixth lesson I teach is provisional self-esteem. If you've
ever tried to wrestle a kid into line whose parents have convinced him
to believe they'll love him in spite of anything, you know how
impossible it is to make self-confident spirits conform. Our world
wouldn't survive a flood of confident people very long so I teach that
your self-respect should depend on expert opinion. My kids are
constantly evaluated and judged. A monthly report, impressive in its
precision, is sent into students' homes to signal approval or to mark
exactly down to a single percentage point how dissatisfied with their
children parents should be. The ecology of good schooling depends upon
perpetuating dissatisfaction just as much as commercial economy depends
on the same fertilizer. Although some people might be surprised how
little time or reflection goes into making up these mathematical
records, the cumulative weight of the objective-seeming documents
establishes a profile of defect which compels a child to arrive at
certain decisions about himself and his future based on the casual
judgment of strangers.

Self-evaluation, the staple of every major philosophical system
that ever appeared on the planet, is never a factor in these things.
The lesson of report cards, grades, and tests is that children should
not trust themselves or their parents, but need to rely on the
evaluation of certified officials. People need to be told what they are
worth.

The seventh lesson I teach is that you can't hide. I teach
children they are always watched by keeping each student under constant
surveillance as do my colleagues. There are no private spaces for
children, there is no private time. Class change lasts 300 seconds to
keep promiscuous fraternization at low levels. Students are encouraged
to tattle on each other, even to tattle on their parents. Of course I
encourage parents to file their own child's waywardness, too. A family
trained to snitch on each other isn't likely to be able to conceal any
dangerous secrets. I assign a type of extended schooling called
"homework", too, so that the surveillance travels into private
households, where students might otherwise use free time to learn
something unauthorized from a father or mother, or by apprenticing to
some wise person in the neighborhood. Disloyalty to the idea of
schooling is a Devil always ready to find work for idle hands. The
meaning of constant surveillance and denial of privacy is that no one
can be trusted, that privacy is not legitimate. Surveillance is an
ancient urgency among certain influential thinkers, a central
prescription set down Republic, in City of God, in Institutes of the
Christian Religion, in New Atlantis, in Leviathan and many other places.
All these childless men who wrote these books discovered the same thing:
children must be closely watched if you want to keep a society under
tight central control. Children will follow a private drummer if you
can't get them into a uniformed marching band.


II.

It is the great triumph of compulsory government monopoly mass-
schooling that among even the best of my fellow teachers, and among the
best of my student's parents, only a small number can imagine a
different way to do things. "The kids have to know how to read and
write, don't they?" "They have to know how to add and subtract, don't
they?" "They have to learn to follow orders if they ever expect to keep
a job."

Only a few lifetimes ago things were very different in the United
States; originality and variety were common currency; our freedom from
regimentation made us the miracle of the world, social class boundaries
were relatively easy to cross, our citizenry was marvelously confident,
inventive, and able to do many things independently, to think for
themselves. We were something, we Americans, all by ourselves, without
government sticking its nose into our lives, without institutions and
social agencies telling us how to think and feel; no, all by ourselves
we were something, as individuals.

We've had a society increasingly under central control in the
United States since just before the Civil War and such a society
requires compulsory schooling, government monopoly schooling to maintain
itself. Before the society changed, schooling wasn't very important
anywhere. We had it, but not too much of it and only as much as an
individual wanted. People learned to read, write, and do arithmetic
just fine anyway, there are some studies which show literacy at the time
of the American Revolution, at least on the Eastern seaboard, as close
to total. Tom Paine's Common Sense sold 600,000 copies to a population
of 2,500,000, 20 percent of which was slave and another 50 percent
indentured.

Were the colonists geniuses? No, the truth is that reading,
writing and arithmetic only take about 100 hours to transmit as long as
the audience is eager and willing to learn. The trick is to wait until
someone asks and then move fast while the mood is on him. Millions of
people teach themselves these things; it really isn't very hard. Pick
up a fifth grad textbook in math or rhetoric from 1850 and you'll see
that the texts were pitched then on what would today be college level.
The continuing cry for "basic skills" practice is a smoke screen behind
which schools preempt the time of children for 12 years and teach them
the seven lessons I've just taught you.

We've had a society increasingly under central control in the
United States since just before the Civil War: the lives we lead, the
clothes we wear, the food we eat, and the green highway signs we drive
by from coast to coast are the products of this central control. So,
too, I think, are the epidemics of drugs, suicide, divorce, violence,
cruelty, and the hardening of class into caste in the U.S., products of
the dehumanization of our lives, the lessening of individual and family
importance that central control imposes. The character of large
compulsory institutions is inevitable, they want more and until there
isn't any more to give. School takes our children away from any
possibility of an active role in community life -- in fact it destroys
communities by reserving the training of children to the hands of
certified experts -- and by doing so it ensures that they cannot grow up
fully human. Aristotle taught that without a fully active role in
community life you could not hope to become a healthy human being.
Surely he was right. Look around you the next time you are near a
school or an old people's reservation, that will be the demonstration.

School as it was built is an essential support system for a vision
of social engineering that condemns most people to be subordinate stones
in a pyramid that narrows as it ascends to a terminal of control.
School is an artifice which makes such a pyramidal social order seem
inevitable, although such a premise is a fundamental betrayal of the
American Revolution. In colonial days right through the period of the
early Republic we had no schools to speak of -- read Franklin's
Autobiography for a man who had no time to waste in school -- and yet
the promise of Democracy was beginning to be realized. We turned our
backs on this promise by bringing to life the ancient dream of Egypt --
compulsory subordination for all. That was the secret Plato reluctantly
transmitted in The Republics when Glaucon and Adeimantus exhorted from
Socrates the plan for total state control of human life that would be
necessary to maintain a society where some people took more than their
share. "I will show you," said Socrates, "how to bring about such a
feverish city, but you will not like what I am going to say." And so
the blueprint of the seven lesson school was first sketched.

The current debate about whether we should have a national
curriculum is phony -- we already have one, locked up in the seven
lessons I just taught you and a few more I decided to spare you. Such a
curriculum produces physical, moral, and intellectual paralysis and no
curriculum of content will be sufficient to reverse its hideous effects.
What is currently under discussion in our national school hysteria about
failing academic performance is a great irrelevancy that misses the
point. Schools teach exactly what they are intended to teach and they
do it well -- How to be a good Egyptian and where your place is in the
pyramid.


III.

None of this is inevitable, you know. None of it is impossible to
overthrow. We do have a choice in how we bring up young people and
there is no one right way; if we broke the power of Egyptian illusion we
would see that. There is no life and death international competition
threatening our national existence, difficult as that is to even think
about, let alone believe, in the face of a constant media barrage of
myth to the contrary. In every important material respect our nation is
self-sufficient, including energy. I realize that runs counter to the
most fashionable thinking of political economists, but the "profound
transformation" of our economy these people talk about is neither
inevitable nor irreversible. Global economics does not speak to the
public need for jobs, affordable homes, adequate schools and medical
care, a clean environment, honest and accountable government, social and
cultural renewal, or simple justice. All global ambitions are based on
a definition of productivity and the good life so alienated from common
human reality that I am convinced it is wrong and that most people would
agree with me if they had a choice. We might be able to see that if we
regained a hold on a philosophy that locates meaning where meaning is
genuinely to be found -- in families, in friends, the passage of
seasons, in nature, in simple ceremonies and rituals, in curiosity,
generosity, compassion, and service to others, in a decent independence
and privacy, in all the free and inexpensive things out of which real
families, real friends and real communities are built. Then we would be
truly self-sufficient.


How did these awful places, these "schools", come about? Well,
casual schooling has always been with us in a variety of forms, a mildly
useful adjunct to growing up. But total-schooling as we know it is a
byproduct of the two "Red Scares" of 1848 and 1919, when powerful
interests feared a revolution among our own industrial poor. Partly,
too, total schooling came about because old-line American families were
revolted by the home cultures of Celtic, Slavic, and Latin immigrants --
and revolted by the Catholic religion they brought with them. Certainly
a third contributing cause to making a jail for children called school
must be located in the prospect with which these same families regarded
the free movement of Africans through the society after the Civil War.

Look again at the seven lessons of schoolteaching: confusion,
class assignment, dulled responses, emotional and intellectual
dependency, conditional self-esteem, surveillance -- all of these things
are good training for permanent underclasses, people derived forever of
finding the center of their own special genius. And in later years it
became the training shaken loose from even its own original logic -- to
regulate the poor; since the 1920s the growth of the school bureaucracy
and the less visible growth of a horde of industries that profit from
schooling just exactly as it is, has enlarged this institution's
original grasp to where it began to seize the sons and daughters of the
middle classes.

Is it any wonder Socrates was outraged at the accusation that he
took money to teach? Even then, philosophers saw clearly the inevitable
direction the professionalization of teaching would take, preempting the
teaching function that belongs to everybody in a healthy community.
Professional teaching tends to another serious error: It makes things
that are inherently easy to learn, like reading, writing, and
arithmetic, seem difficult by insisting they be taught through
pedagogical procedures. With lessons like the ones I teach day after
day, it should be little wonder we have a national crisis the nature of
the one we have today, young people indifferent to the adult world and
to the future, indifferent to almost everything except the diversion of
toys and violence. Rich or poor, schoolchildren who face the 21st
century cannot concentrate on anything for very long, they have a poor
sense of time past and to come,they are mistrustful of intimacy like the
children of divorce they really are (for we have divorced them from
significant parental attention); they hate solitude, are cruel,
materialistic, dependent, passive, violent, timid in the face of the
unexpected, addicted to distraction.

All the peripheral tendencies of childhood are nourished and
magnified to a grotesque extent by schooling, which prevents effective
personality development by its hidden curriculum. Indeed, without
exploiting the fearfulness, selfishness, and inexperience of children
our schools could not survive at all, nor could I as a certified
schoolteacher. No common school that actually dared to teach the use of
dialectic, the heuristic, or other devices that free minds should employ
would last very long without being torn to pieces. School has become a
replacement for church in our secular society, and like church its
teachings must be taken on faith.

It is time that we faced the fact squarely that institutional
schoolteaching is destructive to children. Nobody survives the 7-Lesson
Curriculum unscathed, not even the instructors. The method is deeply
and profoundly anti-educational. No tinkering will fix it. In one of
the great ironies of human affairs, the massive rethinking schools
require would cost so much less than we are spending now that powerful
interests cannot afford to let it happen. You must understand that
first and foremost, the business I am in is a jobs project and an agency
for letting contracts. We cannot afford to save money by reducing the
scope of our operation or by diversifying the product we offer, even to
help children grow up right. That is the Iron Law of institutional
schooling -- it is a business neither subject to normal accounting
procedures nor to the rational scalpel of competition.

Some form of free-market system in public schooling is the
likeliest place to look for answers, a free market where family schools
and small entrepreneurial schools and religious schools and crafts
schools and farm schools exist in profusion to compete with government
education. I'm trying to describe a free market in schooling just
exactly like the one the country had right up until the Civil War, one
in which students volunteer for the kind of education that suits them,
even if that means self-education. It didn't hurt Benjamin Franklin
that I can see.

These options now exist in miniature, wonderful survivals of a
strong and vigorous past, but they are unavailable only to the
resourceful, the courageous, the lucky, or the rich. The near
impossibility of one of these better roads opening for the shattered
families of the poor or the bewildered host camped on the fringes of the
urban middle class foretells the disaster of 7-Lesson Schools is going
to grow unless we do something bold and decisive with the mess of
government monopoly schooling.

After an adult lifetime spent teaching school I believe the method
of mass-schooling is the only real content it has, don't be fooled into
thinking that good curriculum or good equipment or good teachers are the
critical determinants of your son and daughter's schooltime. All the
pathologies we've considered come about in large measure because the
lessons of school prevent children from keeping important appointments
with themselves and with their families, to learn lessons in self-
motivation, perseverance, self-reliance, courage, dignity and love and
lessons in service to others, which are among the key lessons of home
life.

Thirty years ago these things could still be learned in the time
left after school. But television has eaten up most of that time, and a
combination of television and the stresses peculiar to two-income or
single-parent families have swallowed up most of what used to be family
time. Our kids have no time left to grow up fully human, and only thin-
soil wastelands to do it in. A future is rushing down upon our culture
which will insist that all of us learn the wisdom of non-material
experience; a future which will demand as the price of survival that we
follow a pace of natural life economical in material cost. These
lessons cannot be learned in schools as they are. School is like
starting life with a 12-year jail sentence in which bad habits are the
only curriculum truly learned. I teach school and win awards doing it.

I should know.
 
 
 
A Different Kind of Teacher: Solving the Crisis of American Schooling
    
by John Taylor Gatto
reviewed by Jeremy Solomon

  
What is wrong with the school system to Gatto is not bad teachers, bad administrators, nor even bad parents.
   
Rather, it is the design of the institution altogether from inception.  Instead of superficially searching for quick fix reforms, Gatto desires to see the system junked altogether.


Gatto sees most schools as prisons of
coercion, where students are regulated by a
life of fragmented knowledge, where they
show obedience to strangers, where the design of education is dependency, obedience, regulation and subordination.

Schools make childhood surreal by:

   • enforcing sensory deprivation

   • sorting children into rigid categories (read: standardized testing)

   • training children to stop at the sound of a buzzer

   • keeping children under constant surveillance and depriving
     
them of private time and space

   • assigning numbers to children which feigns the ability to
     
discriminate personal qualities

   • insisting that every moment be filled with low level abstractions

   • forbidding children to make their own intellectual discoveries

To counter this process
his goals for school reforms are as follows:

   • teaching needs to be deconstructed - teachers need to be centrally 
     involved in the development and maintenance of standards and practices,
     not just the drones of someone else's blueprints.

   • decentralize school systems - no one right way to teach but allow
    
for other possibilities, such as home schooling.

   • developing areas for privacy and solitude in character development
     - schools are too big and too concerned with surveillance.

   • less policing in schools - trim bureaucracy for more teachers.

   • eliminating artificial subject divisions -students should solve real 
    world problems not abstractions in an interdisciplinary fashion and should
    not mimic a Henry Ford assembly line with classes limited to 40 minutes.

Gatto also looks at a corollary issue: why do schools cost so much?  Statistics have shown that home schooled students have higher test scores on average than students who go to public schools.  Even many high school dropouts do quite well.  So why doesn't money generate into better educated students?   New York state, for example, spends 51% of its budget on administrative costs.  Local administration reduces this to only 25% spent on students.  Gatto sees this a "protection money paid to the school ring."  

How did this happen on a nation wide scale?  Government schooling came to function as a jobs project where "the primary mission of schools and compulsion laws guaranteed an audience no matter how bad the show" (25).  Indeed administrators nationally have grown 110% from 1983 to 1991 and increased spending by the federal government has only aggravated the problem rather than solving it.

How did the school system get so bad?  Between 1896 and 1920 a small group of industrialists and financiers subsidized university chairs and researchers with the aim of bending schooling to the service of business and the political state.   For leading industrialists such as Andrew Carnegie and John T. Rockefeller, public schooling was engineered to serve a modified command economy and an increasingly layered social order.  And how best to do this?   By copying the Prussian model of public education.
  

The Prussian way was to train
only a leadership cadre while other students would be taught to fit in their place.  Moreover, fear of European immigrants in the 1840s, specifically Catholics, made it essential to leading industrialists and educators to adopt a system based on three Prussian principles:

  The state is sovereign, the only 
    
true parents of children.

  • State appointed teachers are
     the guardians of children.

  • The schoolroom and the
    
workplace shall be dumbed down
     into simplified fragments.

  
The Prussian systems explains the
inordinate interest the foundations of Carnegie and  Rockefeller took in shaping early public schooling around compulsory education, which to Gatto, has been from the beginning a scheme of indoctrination designed to create a harmless proletariat held hostage by its addiction to luxury and security.

The Prussian school system relied heavily on the French philosopher August Comté who argued that one could create a useful proletariat by breaking connections between children and their families, their communities, their God and themselves.  Rather than family enterprise and individual effort as the main agencies of personal definition, state institutions would do this better with an army of specialists.

So if the present school system is so awful, how can it be reformed?  Gatto argues that there is no one way to teach, that schooling should be what the parents, community and even the children want it to be, an experiment not codified by the state.  Rather than have standards set by politicians or administrators, schools should survive the market place, much like a business, with plenty of competition.  Before the "Progressive" era of mid 19th century compulsory education laws there was great diversity and autonomy in education rather than one best system which was forced on everyone. Though not a proponent of vouchers, Gatto believes that a portion of school taxes should be given back to parents so they could shop around for better options than public education has to offer.

For schools to be worthwhile they need to have worthwhile goals such as:

  • creating independent, resourceful and fearless citizens

  • tapping the educational power of family life

  • bestowing significance on personal choices

  • arresting the epidemic of alienation and loneliness

  • restoring democracy as a natural mission

  reversing the growing isolation of social classes

  • regenerating community life

Gatto believes schools can pursue these goals and still teach reading writing and arithmetic.


Gatto, J. (2000) A Different Kind of Teacher: Solving the Crisis of American Schooling, Berkeley Hills Books; ISBN: 1893163210

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